sábado, 16 de mayo de 2015

Me hago vieja y las manías se acentúan.

Mientras noto que más y más cosas me la soplan percibo que hay una cosa que me sí me toca los cojones y cada vez de una forma más radical además.
Cuando estaba en segundo de carrera advertí la importancia del lenguaje "técnico", "profesional", llamemoslo como queramos; siempre he pensado que, si bien es cierto que hay que controlar la jerga, también es fundamental transmitir lo aprendido.
No entiendo el oscurantismo, cada vez más provoca en mi el rechazo del artificio.
Con las elecciones cerca la respuesta de nuestros políticos cada vez es más florida, las artificial, más lejana, más perjudicial.
Qué pena que ya casi sea imposible cascarles un "ha hablado pero no ha dicho nada", aunque lo que dan ganas de decirles, en realidad, sea un "abre la boca y solo sale mierda, querido/a".

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