domingo, 17 de junio de 2012

No vale la pena.

Creía que tenía percebes en los huevos a estas alturas de mi vida, pero he comprobado (no sé si por fortuna) que no. Sí, parece que todavía me queda algo de ingenuidad y capacidad de sorpresa.
Nuevo trabajo, nuevas compañeras y con una de ellas tuve la siguiente conversación:
M.: Si cuidas a los niños tú sola, deduzco que estás soltera.
P.: Sí, divorciada.
M.: Vaya (por decir algo, en estos casos no sé si para mi interlocutor es motivo de alegría o pena, así que...).
P.: Nada, tranquila, si cuando me casé ya sabía que aquello no iba a durar y que iba a terminar en divorcio.
M.: Joder.
P.: Es que siempre he tenido claro que quería tener dos hijos joven y del mismo padre. No tener uno y luego andar por ahí...
M.: ...
P.: Zorreando, ya me entiendes.
M.: Ah... Qué claridad de ideas.
P.: Sí, así que tuve el primero y al año o así me dije que tenía que apurar porque ya no aguantaba más a aquel tío.
M.: Pues sí que te gusta la maternidad.
P.: ¡Qué va!. Siempre me sorprendo cuando la gente te dice que tener hijos es duro pero que te compensa. Yo doce años después todavía no sé qué tiene de bueno...
Dicho ésto me giré y seguí mirando los papeles sin saber qué decir. Al volver a mirarla me cascó:
P.: Te lo digo en serio, no los tengas. No vale la pena.

2 comentarios:

noadas dijo...

Fría y calculadora, y al final va y la caga. No se puede ser una zorra fría y sin sentimientos si en realidad no lo eres.

noadas dijo...

Por cierto, sí que compensa, te lo digo agotada y llena de vómito y otros fluidos. Mi segunda hija, nació el día de la huelga el 14, reivindicativa.