viernes, 18 de febrero de 2011

Ya sé por qué cojones no le quería coger el teléfono a la pesada aquella que me estaba dando por saco hace unas semanas. Normalmente no respondo porque paso del móvil, pero a esta tía no le respondía porque no me sale del chumi y ya sé por qué no me apetece verla o hablar con ella: porque lo convierte todo en una puta competición.
Si le cuento que mi ahijado es un puto encanto y una monada, su sobrina más. Si me pregunta por mi ruptura y le digo que fue una pesadilla la suya una pesadilla al cuadrado (ahí es cierto, su ex se merecía que le cortaran los huevos con el cuchillo de la mantequilla), si le digo que cuando estoy nerviosa se me cae el pelo, a ella mechones, y hasta el pelo de la sobaquera y del chichi, si me pregunta por mi pareja y le digo que es encantador y muy atento ella tiene un admirador que lo supera y casi la acosa, a pesar de estar casado.
Y me parece estupendo, y me alegro por ella, pero me cansa de cojones. Parece Pili, la prima "tocagüevos" de Celia y Cuchifritín, siempre gritando "¡Y YO MÁS!".

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