jueves, 14 de octubre de 2010

A veces es necesario un tropezón para caer de ese camino algodonoso y fácil que llevamos entre las blanditas nubes para recordar que la vida es dura.
Descubrir que el niño asesinado en Paderne es el hijo de la amiga de una de tus mejores amigas primero te hace entrar en shock y luego, inevitablemente, te hace pensar.
Sencillamente me he puesto a repasar y a echar cuentas y me he dado cuenta que un porcentaje altísimo, no, brutal, de mujeres que conozco han recibido faltas de respeto, insultos y desprecios sin estar en medio de una discusión, han sido engañadas, les han ofrecido hostias, les han pegado, las han obligado o forzado sexualmente.
Evidentemente es mi experiencia personal y no es extrapolable, no todos los hombres son maltratadores, ni todas las mujeres son santas, pero...