miércoles, 16 de julio de 2008

La nueva vida.

Me aburro.
Pero no un poquito, me aburro a muerte.
He pasado de un extremo a otro, ahora tengo un horario cojonudo, mi despachito con conexión a internet y toda la tranquilidad del mundo (a ver cuánto dura). Gano menos pasta, es verdad, pero lo compenso en salud. Y además tendré tiempo para ir preparando otros proyectos que pondré en marcha antes de que termine el verano.
Muchas veces abro el blog y pienso en escribir algo, de la gente con la que trabajo, de lo que veo fuera, en la calle, pero estos momentos de tranquilidad que me dejan "seca".
He vuelto a leer la prensa, vuelvo a recorrer blogs amigos, y no tan amigos, aunque no siempre pueda comentar. Me gusta llegar a casa cuando todavía es de día y despelotarme y estar sin hacer nada, simplemente tranquila, sin pensar en nada.
Cuando camino por la calle y miro a la gente me vienen muchas ideas para escribir, cosas que "veo" perfectamente "impresas", cuatro palabras apretujadas y encajadas llenas de sentido (muchas veces sólo para mí). Y pienso, "cuando llegue al despacho lo escribo" y luego, simplemente lo olvido.
Olvidé describir aquel día en el que llegué a la conclusión (breve) de que, bien contadas, todas las vidas, por comunes y grises que sean, son extraordinarias. O de confesar aquel secreto que me contaron y que, por suerte, olvidé. Aquella noche, casi madrugada, en la que me reí tanto con tus ocurrencias. Y no quise tampoco hablar de la pena honda y dolorosa (como suelo sentir casi todas mis penas, a mi pesar) de una mala noche que casi deja de ser como cualquier otra mala noche para convertirse en una de las peores (esta más bien la quiero olvidar). O hablar de mis nuevos compañeros, tantos nuevos compañeros últimamente que se necesitaría un mapa para no perderse entre ellos, de los nuevos amigos que se están fijando con soplete en mi vida sin que yo pueda, ni quiera, evitar. De aquellos días de sol que pasamos en la cama, o aquellos que no sé si llovió, si hizo sol o si se acabó el mundo tirados en el sofá, con las persianas bajadas, medio en pelotas, sin hacer nada.
Disfrutando, sin internet, sin contacto con el mundo, sin hablar con nadie, casi en silencio, de no hacer nada.
En silencio, a veces, yendo sola por la calle, siento y veo tantas cosas que parece que son un árbol que va creciendo en mi interior, que en cualquier momento me reventará la cabeza, o el pecho, o que se me desgarrarán las yemas de los dedos de las manos y de los pies para dar rienda suelta a las ramas, con nuevos sonidos, colores, olores, sabores, vidas entrelazadas, historias que desconozco, como un festival de papelitos de colores.
Y a ti, Susana, nunca, nunca más (no me hagas caso) me pidas que sólo me dedique a escribir. No ves que estoy seca, que no se me ocurre nada...

3 comentarios:

Fran dijo...

PAra estar seca ....

Me ha gustado mucho esa ultima reflexión sobre todas las vidas extraordinarias. Es cierto, solo hay que encontrar alguien con el don de escribirlas, narrarlas y dibujarlas con colores como haces tu.
Un saludo

noadas dijo...

Felicidades por tu nuevo trabajo, estabas bastante "quemada" de tu antiguo compañero-mosca-cojonera.

No estás seca, estás en un período adaptativo debido a tu nueva situación ;)

No dejes de escribir, yo tampoco tengo mucho tiempo, pero siempre es agradable leerte :)

Mimos

---VORAGINE--- dijo...

algunas cosas nacen para eso, para ser olvidadas
(si bien Scott de Martinville no lo entendía así)


petons