domingo, 23 de diciembre de 2007

Definiendo situaciones.

Nuevo trabajo. Días 3 y 4 de diciembre en la central, me encuentro con mis compañeros allí para saber cómo funciona la empresa, me voy de puente, el día 10 me incorporo a mi puesto en otra delegación en la ciudad. Tengo un compañero y un jefe.
Mi jefe es un tío que lleva cuarenta años en el tema, bregado en mil batallas,me han llegado avisos de que tenga cuidado con él.
Mi compañero, "el compañero", 44 años, divorciado, con una niña y 17 años en el ramo.
La acogida es más que buena, "el compañero" me lleva a casa, vivo de paso, y todavía no me han dado el coche de empresa, me invita a tomar café el primer día (ya le dejo claro que tengo novio por si las moscas), se trae un buen rollito que flipo, tipo "tenemos que ir a cenar los cuatro" (por su novia, que hace acto de presencia después de que yo deje claro que tengo pareja), "te invito a comer", "¡¿cómo no me has dicho que te vaya a buscar para traerte al trabajo?!, me decepcionas" (!). Mezclado con interrupciones cuando hablan los demás (a mí también), con advertencias de que me ande con ojo (pero que no me preocupe que con él no voy a tener problemas), con conclusiones de cómo soy (que no sé si van en broma o qué porque no nos conocemos de nada) y con prejuicios del tipo "he estado un fin de semana en Cataluña y ya sé yo cómo son los catalanes... " (!).
Por el medio ha habido advertencias por lo bajinis, de que anduviera con cuidado.
El miércoles 12 les presento a mi pareja a la hora de salir. El jueves está raro, pero bueno, no pienso nada porque no conozco de nada a este tío.
Conclusión: el buen rollo dura hasta el viernes 14, de repente, sin saber por qué,
"el compañero" deja de hablarme, no me saluda, no me habla en absoluto a no ser para echarme la bronca por algo; el sábado meto la pata, se levanta de su sitio y recibo una llamada del jefe diciéndome que no haga lo que estoy haciendo, cosa que acaba de decirme él. Cuando nos quedamos a solas le comunico que ya me había dado por enterada con su advertencia sobre mi error. Se calla. Se tira horas chupándole la polla al jefe, lo invita a comer, a tomar cafés, es el más simpático del mundo con él, cuando le hablo me ignora, le pregunto por los días de descanso de este mes y me dice que no sabe nada, al rato me acerco a ver al jefe por otro tema y lo está hablando con él, "oye, Malaputa, que me está comentando 'el compañero' que quieres descansar el domingo, él como es un profesional vendrá, tú verás si vienes o no...", "no le he dicho eso, sólo le he preguntado qué días de descanso íbamos a tener, nada más".
Sigue el silencio (y las lamidas de polla al jefe) hasta el jueves 20, día en el que me tiro hora y media hablando con mi jefe. Nos reunimos varias personas y vuelve a dirigirme la palabra como si nada. El viernes 21 cuando entro por la mañana, al sentarme en la mesa me espeta: "si tienes algún problema conmigo, me lo dices"(!), mi respuesta: "lo mismo digo". Se levanta y se va donde el jefe, hora de comer, se largan a comer juntos. Después de comer, me advierte el de la limpieza que cuando estaban quedando para ir a comer les ha dicho que por qué no me llevaban a mí, que estaba feo que fueran todos menos yo, respuesta: "la niña..." (gesto despectivo).
No se me están dando las herramientas para llevar a cabo mi labor de la manera adecuada, he desempeñado una labor como esta pero en otro campo, y tampoco sé cómo abordar la situación.
Evidentemente la inseguridad de mi compañero y el apoyo del jefe directo, o su desconocimiento, me están dejando con el culo al aire.
Y la verdad, después de la estupenda experiencia con mi compañeros en Cataluña los últimos años, me encuentro bastante despistada.
Acepto y agradezco consejos, porque esto me pilla de nuevas.

2 comentarios:

O.k.,o.k.! dijo...

Joder. Ándate con ojo. ¿Estáis solos los tres en la oficina?

Yo acabé marchándome de un curro por algo que empezó así, y que aguanté año y pico hasta decidir que no me salía a cuenta medir mis palabras y tratar de matizar cada historia directamente con el jefe.

Qué triste es tener que ser un cabronazo en el curro para sentirse con poder. Ojalá yo no de nunca esa sensación a nadie ;-)

noadas dijo...

Yo siempre he sido partícipe de las artes de los Borgia, un laxante en el café no tiene grandes consecuencias, pero da mucha satisfacción personal.
En cuanto al uso de energías para desearle el mal al contrario, lo veo una pérdida de tiempo a la par que perjudical para uno mismo.
A mí me pasó algo parecido en uno de mis trabajos, y como soy idiota, ayudé a la causante de mi tormento a comprarse un piso, pateando todo Chamberí con ella viendo cuchitriles, desde entonces me ama con locura y besa por donde piso, como el tema de los pisos anda de capa caida, y parece que le gustan los rabos, o te lo llevas una noche al zoo o a locales de ambiente...