miércoles, 13 de diciembre de 2006

Día 1.

Esperar en la cafetería del aeropuerto a que sea la hora de embarcar, tomarme un café, visitar el Duty Free, comprar un paraguas, un candado, caramelos... Volver a la cafetería, tomarme un café, intentar leer, mirar la hora, mirar las pantallas y sentir que no pasa el tiempo nunca. Ponerme a la cola de embarque, pasan cinco minutos de la hora, diez, quince, veinte, miro a la puerta y los de la cola nos empezamos a inquietar. Miro el reloj, veinticinco minutos de retraso y no nos dicen nada, sé que estás en el aire y tienes el móvil apagado pero te envío un mensaje. Diez minutos después nos montamos corriendo en el avión tragándonos el estrés y la protesta a punto de florecer. Despegamos. Una hora y pico más tarde aterrizamos, y tan pronto entro en la sala de recogida de equipajes te veo.
Me sonríes.
Te sonrío.
Nos abrazamos.
"Llegas tarde".
Nos besamos.
Recogemos mi maleta, salimos a la calle. De camino a la ciudad juegas con tu mirada y no me miras cuando sabes que te miro. En la estación cogemos las maletas, me agarras de la mano y nos ponemos a caminar, a la izquierda, no, a la derecha, cruzamos corriendo con el semáforo en ámbar, ahora a la derecha, luego a la izquierda, y el supermercado tiene las persianas bajadas pero todavía están trabajando dentro mientras pasamos y no se dan cuenta de nuestras miradas demasiado rápidas. Llegamos a la habitación. Cenamos corriendo dos cervezas, seis pedazos de pizza en el bar de la esquina. Volvemos a la cama. La urgencia y el cansancio se mezclan. Me abrazas. Nos dormimos.

3 comentarios:

AdaGavner dijo...

Sucia, cochina y asquerosa envidia que me das. Disfruta preciosa! *

Anónimo dijo...

y no hace falta soñar porque se vive un sueño...

Anónimo dijo...

eso pasa...
lo de la ultima frase, digo