jueves, 8 de junio de 2006

En el avión.

Salimos en hora. Tan pronto puedo bajo la bandeja y coloco el libro encima. Por la ventana entra el sol a chorros. De pronto en el silencio se oye un gemido y una mujer, en la fila de atrás comienza a llorar.
- Adiós, terriña, adiós.
Silencio.
- Ayyyy -un aullido y un llanto incontrolado- ¡NUNCA VOLVERÉ!.
Me giro a ver si puedo ver la cara y veo que mis compañeros me miran con cara de circunstancias y levantan las cejas levemente.
- Terra que me vio nacer. ¡NUNCA VOLVERÉ!. Ni viva ni muerta. ¡NUNCA, NUNCA VOLVERÉ!.
Sólo se oían las turbinas y a esta mujer llorar.
Y de repente me acordé...
"Adiós, ríos; adiós, fontes,
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
(...)
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!, ¡meu lar!".

4 comentarios:

rau! dijo...

morriña, saudade............ ainsh :(

noadas dijo...

Ay la de Castro de toda la vida siempre nos resultó un poco chorona, me da a mí que no eres de esas ;)

iNo dijo...

Esa despedida siempre me partirán el corazón...espero no tener que vivirla nunca. Saludos ;)

malaputa dijo...

Pues a mí me pareció demasiado dramático