miércoles, 22 de marzo de 2006

A las cuatro de la mañana.

Me despierto con el corazón botando, abro los ojos y aguanto la náusea.
Miro la ventana y veo que está demasiado oscuro, cojo el reloj, las cuatro.
Dejo caer otra vez la cabeza sobre la almohada.
Trago saliva intentando aguantar las ganas de vomitar.
Me acurruco debajo del nórdico y trato de no pensar en nada.
Menos uno, siento que los músculos de la cara se relajan.
Respiro profundamente.
Menos dos, ahora siento mi cuello y mis hombros cada vez menos tensos.
Aguanto la arcada.
Me giro en la cama.
Trato de no pensar en nada.
Sólo son las cuatro de la mañana.
 

1 comentario:

antoman dijo...

uno, dos qué? pedos? joder...