jueves, 2 de diciembre de 2004

Paciencia.

Nadie puede decir que no la tenga. Mala hostia también, tengo un carácter un poco difícil, ¿para qué negarlo?. Pero paciencia tengo un rato.
Lo que sucede es que a veces se agota antes de que sea capaz de tomar aire y rellenar los estantes con bidones nuevos repletos. Y cuando sucede pues es como si me faltara el aire, me mareo y me dejo llevar por la mala leche.
Lo malo es cuando corro dos mil kilómetros para que se me pase ese vértigo que siento que me descontrola y al final sólo hay hijoputez y más tristeza, bidones nuevos repletos de ella.
Pero bueno, tengo paciencia.
No tengo más remedio, porque la que la sustituye es la pena.