jueves, 9 de diciembre de 2004

En la ducha.

Por primera vez en veinte años me doy cuenta de que puedo ver mi sombra en la pared mientras me ducho.

El agua cayendo por la nariz, por los pómulos cuando me pongo de perfil, la curva del cuello y de los hombros.

Si estiro los brazos los veo largos y torneados, delgados, parece mentira que sean míos, que esa silueta sea mía.

Y me giro y descubro poco a poco mi dibujo en negro entre las gotas que caen por los azulejos blancos de la pared.

1 comentario:

diego dijo...

Será imposible evitar que mañana busque mi sombra entre la mayólica del baño mientras me ducho. Aunque dudo que las gotas vayan por mi piel como fueron por la tuya