Conozco a una chica que siempre presume de maridito, siempre pulidito, fiel, encantador, cariñoso, hasta en los fallos es perfectamente encantador.
La pátina con la que el amor recubre la mierda puede resultar embriagadora.
Yo siempre le decía a mis amigos que quería seguir manteniendo cierta ingenuidad, no quería mirar a mi alrededor y ver basura en todas partes; bueno, pues el momento ha llegado, cada vez me convenzo más de todo es una gran farsa. Cuanto más presume ella de maridín más ganas me entran de contarle una historia, la de aquella amiga mía que se lió con un vecino suyo, el vecino vivía con su prometida, que no dejaba de presumir de novio perfecto, era tan perfecto y tenía tanto amor dentro que lo compartía con su prometida y con mi amiga, por lo menos el que guardaba en ese maravilloso par de bolsas cargadas de amor que se suelen calentar entre la polla y las piernas.
Y mientras ella presumía en la piscina, él repartía buenos momentos. Y mientras se compraba el vestido de novia, y cuando ella faltó para hacer la despedida de soltera, y nada más volver de la luna de miel, y porque mi amiga se cansó, que si no...
Una vez un hombre que me ponía como una perra en celo me tentó. Cuando lo rechacé aduciendo tener pareja y mi inamovible fidelidad sólo me dijo una cosa antes de retirarse muy caballerosamente: "De acuerdo, pero sólo una cosa... ¿qué crees que hubiera hecho él en tu lugar?".
Follar, no follé, pero me quedé jodida.